Que la tecnología no condicione nuestras clases

(o mejor dicho, por qué es importante elegir las herramientas según nuestras convicciones pedagógicas).

En la clase del lunes 16 de septiembre* hicimos dos actividades propuestas por nuestra docente. Cuando la profesora dijo que íbamos a hacer una actividad que tenía algo que ver con adjetivos no pude evitar mi escepticismo habitual (bueno, no sé si tan habitual), pero tengo que admitir que el resultado final me gustó mucho.

La primera actividad, a la cual se accedía mediante este link, se trataba de un ejercicio interactivo en la cual había que rellenar los huecos de un texto con distintos adjetivos que se nos eran dados. Arriba de la consigna, algo escueta, se nos advertía de la existencia de un botón mágico con el cual podíamos comprobar que las respuestas escritas fuesen las correctas y de un segundo botón que nos prestaría ayuda en caso de ser necesario. La resolución del ejercicio era individual y azarosa, ya que el texto base no ofrecía un contexto lo suficientemente rico que limitase mediante una lectura comprensiva la cantidad de adjetivos que se podían poner en una casilla. ¡Ah! casi me olvidaba: cuenta con un sistema de evaluación bastante peculiar:

Te va otorgando cinco puntos porcentuales por respuesta correcta. Y si pediste ayuda ¡no hay premio!

La segunda actividad (en cuanto lo consiga les dejo el enlace aquí) era algo diferente. “Entren al link. Escriban un cuento en grupo y marquen los adjetivos en negrita”. Tengo que admitir que me gusta pensar en historias cuando tengo un límite de tiempo, así que sin saber bien de qué iba la cosa, empecé a pensar y propuse una idea disparadora para la nuestra. Pronto hubo que pensar alguna dinámica para la escritura, ya que todas podíamos intervenir el texto desde nuestras computadoras. Decidimos,a priori, que cada una iba a escribir aproximadamente un renglón. Luego esa idea inicial fue mutando: nos turnábamos para escribir a medida que avanzaba la historia, poníamos en común las ideas para su desarrollo, otra se encargaba de marcar los adjetivos o de corregir la ortografía, etc. Les dejo una captura del resultado final (dicen que una imagen vale más que mil palabras, no?):

Cada color representa a cada una de las autoras

Bueno, hasta acá creo que se puede observar que se tratan de dos actividades diametralmente diferentes (ahora que releo, creo que también se nota el tono con el que no pude evitar describir cada una de ellas). Pero si no son lo mismo, ¿en qué se diferencian? ¿Por qué elegir una y no la otra? ¿Qué trasfondo pedagógico tiene cada una de ellas?

Voy a hacer una comparación de las mismas (para el bolsillo de la dama y la cartera del caballero) aludiendo a la puesta en común que realizamos en clase. Creo que algunas de las preguntas formuladas más arriba quedarán pendientes de una respuesta más exhaustiva (o para otra entrada de este blog).

El ejercicio interactivo ofrece un contexto casi nulo (las oraciones se presentan como una mera excusa para poner adjetivos, bien podrían haber sido otras y no hubiese habido mayores diferencias) en el que hay que poner las respuestas (únicas, por supuesto). El único desafío que plantea es el de ver “qué palabra queda mejor” y, si varias quedan bien, ir probando por descarte hasta encontrar la correcta. Se trata de una dinámica de carácter mecánico: leo – me fijo el listado de adjetivos-me fijo cual queda bien- ¿es correcta? Sí/no- si no es correcta repito la secuencia hasta que lo sea. Esta dinámica no requiere ningún tipo de reflexión sobre el contenido, ni tampoco implica un trabajo de construcción del mismo.

El ejercicio de escritura colaborativa parte de otro escenario, cuya escenografía está compuesta por la hoja en blanco que propone la plataforma y la consigna dada por la docente. De por sí, ya podemos anticipar que nos encontramos ante un panorama en el que no hay respuesta única posible, ya que la consigna abierta habilita a que les alumnes elijan los adjetivos y el contexto mismo en el que los van a ubicar, poniendo en juego sus conocimientos previos (¿cómo sé que ubiqué un adjetivo? ¿qué es adjetivo?). Es interesante, además, pensar el rol que juega la escritura colaborativa en esta actividad. Si la forma es contenido, el hecho de estar ante una actividad que requiere llegar a acuerdos previos con mis compañeres sobre qué y cómo escribir (desde el contenido, hasta la organización del texto, pasando a su vez por la necesidad de establecer roles al interior del grupo), el formato de esta actividad plantea un contenido muy interesante.

Como es posible observar, ambas actividades tienen trasfondos muy diferentes. Lo más importante es elegir a conciencia las herramientas que llevamos a nuestras clases, sin dejar que el apuro por incluir las tics en nuestras planificaciones nos haga caer en actividades que promueven aprendizajes automáticos.

*en mi país este día se conmemora el aniversario de La Noche de los Lápices.

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